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Más vidas para el Gato

27 December 2008 No Comment

Eduardo Romero

Un putter mágico le cambió el destino a Eduardo Romero en la gira de veteranos. Encontró su mayor premio con la conquista del US Open, pero a los 54 años quiere mucho más: “Pasé a ser una estrella del Champions Tour”, asegura.

Octubre de 2005. Eduardo Romero se agazapaba sobre un tablero de ajedrez y miraba agudamente los 64 casilleros, en una imagen que simbolizaba la gran encrucijada que atravesaba por esos días. En aquella producción de GOLFstyle, analizaba el dilema de abandonar el Tour Europeo para meterse de lleno en el de veteranos. Una transición que no le resultaba sencilla, pero de la que empezaba a convencerse poco a poco. Lo único que tenía en claro es que deseaba seguir compitiendo en el exterior y a un alto nivel. Su cuerpo se lo pedía.
Casi tres años después, a los 54, la apuesta por el Champions Tour ya le retribuyó grandes satisfacciones deportivas, económicas y sociales: “Éste es mi Tour, me siento parte de él”, confiesa el Gato con una seguridad aplastante. Si necesitaba una señal para considerarse un “animal del circuito”, la encontró con su consagración en el US Open, en Colorado Springs, el 3 de agosto. “Cuando entré en el green del 18 me temblaban las piernas por la emoción. Ésta es una de las grandes victorias de mi carrera. Es verdad que gané con comodidad, pero fue una lucha muy dura”, contó el cordobés por entonces, a propósito de su duelo en la vanguardia con Fred Funk, al que terminó aventajando por cuatro golpes. En la semana previa a abrazar la gloria en el Major, se le había escapado por muy poco el British Open, en donde concluyó tercero, y 15 días antes se había adjudicado el título del Dick’s Sporting Goods Open, en Endicott, Nueva York. Esas últimas actuaciones lo afianzaron como una de las grandes figuras del Champions Tour, tanto por rendimiento como por carisma. Los números apoyan esta fantástica realidad del Gato: tras el Jeld-Wen Tradition, figuraba 4º en la Charles Schwab Cup y 6º en la lista de ganancias.

“A los 50 años, hubiera podido pensar que estaba salvado económicamente y quedarme en mi casa, pero mi cuerpo y mi juego me pedían mucho más. Por eso salí al ruedo de nuevo”.

Ficha Personal

EDUARDO ALEJANDRO ROMERO
Edad: 54 años.
Fecha de nacimiento: 17 de julio de 1954.
Lugar: Villa Allende, Córdoba.
Altura: 1,93 m.
Peso: 95 kg.
Familia: Adriana (esposa), Dolly (hija) y Eduardo (nieto).
Residencia actual: Villa Allende, Córdoba.
Profesional desde: 1982.
Torneos ganados: por el European Tour, The Barclays Scottish Open 2002, Canon European Masters 1994 y
2000, Tisettanta Italien Open 1994, Peugeot Open de France 1991, Peugeot Spanish Open 1991, Volvo Open
di Firenze 1990 y Lancome Trophy 1989. Más de 85 torneos en América del Sur; en la Argentina, el principal es el Abierto de la República 1989.
Entre los veteranos, US Open 2008, Dick’s Sporting Goods Open 2008, JELD-WEN Traditional 2006, Wentworth Senior Open 2006, Travis Perkins Senior Masters 2005
Campo de golf preferido: Crans-sur-Sierre, en Crans Montana, Suiza.

Pero…

¿A qué se debe este brillante momento?

Todo apunta a un elemento clave. “En realidad venía jugando bien hace un parde años, pero desde que me familiaricé con el putter encontré mi juego y ahí nomás salieron los scores –explica el Gato–. Después del Senior PGA Championship, que se realizó en mayo en la cancha de Oak Hill, Nueva York, sentí que estaba en condiciones de obtener cualquier torneo. Ya en el British Open había quedado muy cerca, y olfateaba que una victoria importante en el Champions Tour era algo inminente”.
Hubo una búsqueda, un período de pruebas para dar con el putter indicado. “Encontré el que quería, después de intentar con varios.

Es un putter con una vara mucho más larga, que me llega hasta el estómago y pesa 400 gramos, el cuádruple respecto de uno normal. Yo ya lo tenía visto y lo llegué a usar hace 8 años, pero después lo deseché. No quiero exagerar, pero este putter me cambió la vida”. Según explica el Gato, el movimiento de ese palo es muy firme y le permite pegar más sólido sobre el green. “Todas las pelotas van derecho al hoyo. Recuerdo que antes temblaba con putts de un metro y medio. Ahora ya no”.
Luego de tantos amagos, la gran decisión por el cambio se produjo en Nueva York. Antes, miraba de reojo que su nuevo putter permanecía guardado en la bolsa, pero por inseguridad terminaba recurriendo al de siempre. A fin de cuentas, se sometió a una adaptación progresiva para tomarle la sensación y el pulso. “Creo que si hubiese tenido este putter hace 10 años, habría ganado 40 torneos en el PGA Tour. En realidad, nunca se sabe: tarde o temprano te llega algo que te hace cambiar el juego, y a mí me tocó ahora con este putter nuevo, al que por supuesto no voy a abandonar”.
–La temporada en el exterior ya empieza a palidecer.

¿Qué balance hacés?

–Es mucho mejor del que podía esperar a principios de año. Ya no me voy a mover de los cinco mejores del ranking del Champions Tour. En los Estados Unidos, hasta que no demostrás quién sos como deportista, no sos nadie. Afortunadamente, después de mi conquista del US Open, los comentaristas empezaron a hablar de
cuatro candidatos para los siguientes torneos del circuito y siempre me pusieron a mí como un potencial ganador. Pasé a ser una estrella de este tour, que tiene un nivel impresionante por la calidad de sus jugadores. Es un privilegio que estén jugando acá Bernhard Langer, Nick Price, Mark O’Meara, Greg Norman, Ian Woosnam, Sandy Lyle, Jeff Sluman, Tom Watson… Si te ponés a sumar, tenés alrededor de 50 Majors ganados entre todos ellos en la gira regular.

–¿Escuchaste alguna opinión de jugadores extranjeros sobre vos?

–Sí, Watson dijo en una conferencia de prensa que soy el Tiger Woods del circuito. Y Jim Thorpe habla más de mí que sobre él…

–¿Cuáles fueron los gestos que recibiste del público después de imponerte en Colorado Springs?

–Me encontré con situaciones increíbles: en la aduana del aeropuerto, cuando me estaba volviendo para la Argentina, me pararon dos policías estadounidenses. Ahí pensé que me metían preso directamente, pero me pidieron autógrafos y me agradecieron por la fiesta que había sido el torneo. Es que en los Estados Unidos, el golf despierta tanta pasión como nuestro fútbol. Y salir campeón en el US Open de cualquiera de sus
deportes, como en el tenis, allá trae un eco increíble.

–¿Hay similitudes entre el US Open que ganó Ángel Cabrera en 2007 en el PGA Tour y tu coronación, en términos de repercusión allí?
–Lo que pasa es que por su personalidad, el Pato es más retraído.

En cambio, a mí ahora me anuncian como el “US champion”, llego al tee de salida y me pongo a saludar a todo el mundo antes de pegar el primer golpe. Pero no es porque me quiera mostrar o alardear de algo, es porque soy así, más extrovertido. Entonces, esa combinación de buena onda que mantengo con el público
estadounidense aumentó aún más la repercusión. Se creó una linda atmósfera.

“Nunca bajo los brazos: hago un triple bogey y al hoyo siguiente busco el birdie. En la vida actué siempre de la misma forma: la peleé y no me caí. Eso está en mi naturaleza y es lo que me da la alegría de vivir”.

–¿Te tienta volver a probar en el circuito regular con estos resultados?

–Por lo pronto, al haber sido campeón del Senior US Open, me clasifiqué directamente para el US Open de la gira regular de 2009, torneo para el cual ya me estoy preparando. Pero no, ya me adapté al Champions Tour, me siento bien, soy parte de los veteranos y quiero seguir logrando cosas.
Esa esquiva Jarra de Plata El Gato abrazó la gloria en el US Open, pero el British Open se le sigue negando como una mujer difícil y pretensiosa. En Royal Troon, y por tercera vez consecutiva, se le escapó un título que persigue con su conocida tenacidad. En este caso, quedó a un golpe del desempate que disputaron el campeón, Bruce Vaughan, y John Cook…

–¿Te sigue la espina por el British Open, que se te escurrió por poco?

–Uf, la verdad es que estuve muy cerca, sobre todo este año. Si me dieran para elegir qué Major me gustaría ganar, igualmente me quedaría con el US Open, un sueño que ya cumplí. En cuanto al British… a partir de ahora y con lo que ya sucedió, que sea lo que Dios quiera. Se dará cuando se tenga que dar.

–¿Cómo manejás el tema de la preparación física a tu edad?

–En algún momento, el cuerpo te pasa factura, pero yo me cuidé toda la vida. Nunca fumé ni bebí alcohol y siempre me acosté temprano. Comparado con otros, la diferencia se nota: veo que la mayoría terminan cansados y yo me siento 10 puntos, estoy como para seguir. En verdad, me cuido hace 25 años, no es de ahora. Pero tengo la suerte de contar con un físico privilegiado por los genes que traigo de mis padres. Heredé los dos metros de altura de mi papá, Alejandro Romero, y el metro ochenta de mi mamá, Lola. Igualmente, esta cuestión genética no sirve para nada si no te cuidás.

–¿Tenés algún especialista trabajando a tu lado?

–Un cardiólogo, Fernando Roqué, con quien me hago chequeos permanentes. A mi edad, el corazón es el órgano predilecto para controlar, aunque por suerte los estudios están bárbaros.

La pelea de la vida
El cordobés, que asomó como caddie de la zona más humilde de Villa Allende y que alguna vez admitió en GOLFstyle que pudiera haber sido el Nº 1 del mundo si se hubiese sacrificado más, vive hoy algo parecido a una vorágine. Pero en medio de sus conquistas deportivas, de los beneficios económicos que le reportaron los títulos y el roce social que todo esto trae, sabe muy bien por dónde pasa su disfrute en el Champions Tour. “Me hace feliz haber llegado a los 54 años y estar jugando de esta manera. Pero lo más importante es que veo hacia atrás y me pongo a pensar que salí de Córdoba y que el destino me deparó una gran ayuda de Dios.
Nunca bajo los brazos: hago un triple bogey y al hoyo siguiente busco el birdie. En la vida actué siempre de la misma forma: la peleé y no me caí. Eso está en mi naturaleza y es lo que me da la alegría de vivir. A los 50 años, hubiera podido pensar que estaba salvado económicamente y quedarme en mi casa, pero mi cuerpo y mi juego me pedían mucho más. Por eso salí al ruedo de nuevo.

–¿Tenés pensado jugar torneos en el país?

–Sí, por supuesto. Voy a jugar todo lo que pueda, pero tengo como objetivo el Torneo de Maestros en el Olivos. A los argentinos les digo que se cuiden ¿eh? Porque puedo ganar en cualquier lado.

–Tu hija Dolly te convirtió en abuelo. ¿Qué sentís?

–Es otra de las grandes satisfacciones de mi vida. Ya me estoy ilusionando con mostrarle a Eduardo Guillermo, mi nieto, las fotos mías y los trofeos que conseguí. Y que dentro de ocho años me vea ganando. Pero éste no se salva ¿eh? Va a ser golfista sí o sí.

Por Gastón Saiz

El momento justo

Fue un fin de semana muy especial para nosotros en ESPN. Dio la casualidad que se nos juntaron tres
campeonatos de gran importancia: US Seniors Open, Womens British Open y Bridgestone Invitational. Como
no podemos cubrir todos los torneos a la vez, tuvimos que separarnos en varios equipos y a mí me toco
transmitir el Bridgestone. Debo confesarles que lo único que quería el domingo era que no hubiera play-off en Akron para poder ver, aunque sea, los últimos hoyos del Gato en Colorado. Por suerte, Singh embocó el putt final que le dio la victoria en el hoyo 72, y una suspensión por tormenta en el US Seniors Openme dio la oportunidad de poder disfrutar de los dos últimos capítulos del triunfo más importante en la carrera de Eduardo Romero.
Con el Gatome une una relación que empezó hacemucho, y debo decir que fue una de las personas que más me ayudó cuando yo dabamis primeros pasos en la profesión.
Fue él, junto con Vicente Fernández, quienes me abrieron puertas y siempre estuvieron dispuestos a darme parte de su tiempo. A la familia Romero también me unió siempre un vínculo muy especial, y con Adriana y Dolly hemos compartido viajes por distintos lugares del mundo, incluyendo uno a Disney.
Desde hace algunos años, he estado conduciendo la fiesta que el Gato realiza durante su Charity Pro Am, y he visto la dedicación que le pone a esa obra que ayuda a chicos de bajos recursos. Por todo esto, me dio
muchísima alegría verlo ganar elmáximo título entre los veteranos, de la misma forma que había sentido una
bronca inmensa cuando lo vi perder el Senior British la semana anterior.

Éste es un título que le llega en unmomento justo, porque si bien a los 54 años todavía tiene cuerda para rato, ganar este campeonato le dará todavía un empujón extra para seguir compitiendo.Felicidades Eduardo.

Por Francisco Paquito Aleman

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