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La historia sin fin

27 December 2008 No Comment

columna golf StyleHace ya muchos años, cuando nos enterábamos de lo que ocurría en los Majors por los diarios y por algunos videos que nos llegaban, un buen amigo siempre decía que, si eras cardíaco, no podías ser hincha de Norman. Por alguna razón, nunca fui fanático del australiano, pero siempre le tuve un gran respeto, no sólo por su trayectoria, sino por la forma en que se comportaba cada vez que perdía un campeonato.
Durante la última edición del Open, Greg Norman volvió a ilusionar a sus fanáticos, y a quienes no lo son, con una actuaciónmemorable en Royal Birkdale. El hecho histórico de que un hombre de 53 años pudiera ganar un Major nos mantuvo a todos pendientes, pero la historia volvió a repetirse y el australiano no pudo llevarse el Claret Jug por tercera vez.
Nadie en este juego tuvo que sufrir las cosas que padeció Norman a lo largo de su carrera, y es justo decir que tampoco nadie cómo él supo ser tan caballero en la derrota.
A nadie le embocaron dos veces de afuera del green para ganarle Majors en forma consecutiva (Bob Tway en el PGA Championship del 86 y Larry Mize en el Masters del 87).
Nadie dilapidó 5 golpes de ventaja entrando en la última ronda del Masters y, si bien nadie ha podido obtener el Grand Slam en la era moderna, Norman ganó el Grand Slam del día sábado cuando, luego de 54 hoyos, fue puntero de los cuatro Majors en 1986. En aquel año, que pudo ser histórico, sólo se quedó con el Open en Turnberry.
En Birkdale, la historia no fue diferente, si bien lo primero que hay que entender es que Norman es un jugador ya retirado y que fue al Open para agarrar algo de juego y llegar al Senior British Open mejor preparado. Royal Birkdale era una parada más en su luna de miel que lo había llevado primero a África y luego a Egipto para un paseo por las pirámides. Junto con su nueva mujer, la ex gloria del tenis Chris Evert, llegó aquí para volver a escuchar a esa gente que lo tuvo como a uno de sus favoritos hace algunos años. Para Norman, hoy el golf es algo secundario en su vida y, como él mismo no se cansa de repetir, “todo está antes que el golf hoy en mi vida”. El mismo Norman se sorprendió cuando, al cabo de tres días, era el puntero, luego de haber dado una verdadera clase de cómo jugar en condiciones climáticas adversas y de haber mostrado un golpe de green soberbio. “No es justo que alguien a los 53 años pueda jugar el green de esa manera”, dijo Nick Faldo, mitad en broma, mitad en serio.
No se equivocó Norman al principio de la semana cuando dijo “que éste era un Open para cualquiera” y que no se sorprendieran si “alguien impensado terminaba ganando”.
Al cabo de 54 hoyos, y siendo líder, volvió a la sala de prensa y les recordó a los periodistas lo que les había dicho el jueves. “No pensé que podía ser yo ese jugador impensado, pero ahora la presión está en Harrington y en Choi, no en mí”, decía el bueno de Greg.
La historia del año terminó en el hoyo 13, cuando Norman pegó el tiro de salida. “Me agaché a buscar el tee
pensando que era perfecta”, explicó el australiano al terminar. Un mal pique o una ráfaga de viento impulsaron su pelota a un bunker. Salió de ese hoyo tres golpes atrás y allí supo que todo había terminado. “No tuve mucha suerte hoy, pero 77 son 77. No gané, pero espero poder haberles mostrado a los mas jóvenes que, si uno se cuida, puede jugar y competir en el golf por muchos años”, confesó mientras escuchaba cómo Harrington daba su discurso de ganador.
Norman declinó el ofrecimiento que la PGA de América le hiciera para jugar el último Major del año, pero me
parecería imposible pensar, ahora que se ganó la invitación, que no esté en Augusta en abril próximo. Si hay
un lugar en particular que a Norman le ha roto el alma, ése es Augusta. Sus fanáticos volverían a soñar viéndolo otra vez en el Masters y, con Tiger fuera de escena, el golf tendría una historia de las que necesita y que sólo los grandes como Norman pueden brindarle. Además, podría continuar con su luna de miel y mostrarle a su nueva esposa que existe un verde aún más perfecto que el del césped Wimbledon.

Por Francisco Paquito Aleman

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