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La Dama del Golf

27 December 2008 No Comment

Mercedes Bosch de Lacroze

Comenzó a jugar después de ser madre, y se destacó rápidamente hasta llegar a 1 de handicap e integrar los
equipos argentinos de damas que triunfaron en la Copa Los Andes tres ediciones seguidas. Una enfermedad de su marido apagó sus ganas de jugar, pero volvió como Senior en los Estados Unidos y tuvo la oportunidad de competir con las mejores. Golfstyle lo invita a conocer su trayectoria.

Mercedes Bosch de Lacroze es una mujer apasionada por el golf. Tiene 1 de handicap y vive en los Estados Unidos desde hace un par de décadas, adonde emigró con uno de sus hijos buscando una nueva vida. Allí encontró tranquilidad y, un buen día, redescubrió su entusiasmo por el golf, que había abandonado casi 20 años antes, a raíz de una enfermedad de su marido, Eduardo. Golfstyle la encontró de visita en la Argentina, persiguiendo un pequeño deseo en el que confluyen sus actuales prioridades: festejar su cumpleaños número 80, junto a todos sus nietos y jugando al golf en Buenos Aires.
La entrevista se concreta durante una fría tarde de invierno porteño en una amplia casona en pleno barrio de Palermo Viejo, donde una porción de la familia Lacroze conversa y parece reencontrarse después de un largo tiempo.Un casamiento, dentro de algunas noches, acortará las distancias por un rato y los encerrará en el mismo espacio, reuniéndolos a casi todos. Algunos viajaron desde España y otros desde los Estados Unidos. Entre estos últimos, Mercedes Bosch, la madre de cuatro hijos y la abuela de 16 nietos, que luce una chomba amarilla con la insignia de Seminole (un campo de la Florida).
Hace un rato volvió de practicar en Costa Salguero y, sentada en la segunda planta, se motiva con la idea de contar fragmentos de su vida y de su conexión con el golf.
“Siempre fui muy deportista, de chica me gustaba el tenis pero también practicaba hockey. Después del nacimiento de mi hijo Pablo, en 1955, empecé a jugar al golf con la excusa de caminar. Comencé con 24 de handicap. Jugaba en San Isidro y en Palermo, y en verano tomaba clases en Mar del Plata con elMoro (Aurelio)Castañón”, explica, casi sin pausas, como si estuviera tirando pelotas en un driving range. “Me acuerdo que fui campeona en San Andrés, ganándole a Chicha (Carmen Baca Castex de Conen), cosa que no se daba todos los días. Esa fue una inmensa alegría. En esa época, había un ambiente bárbaro. Éramos un grupo de verdaderas golfistas que sólo nos importaba el juego. Hoy, en cambio,muchas lo practican por lo social”. Lo dice convencida, apenas se mueven sus ojos claros y su pelo cano ni se inmuta.
Desde sus inicios, la Señora de Lacroze progresaba rápidamente. “Era una adicta, practicaba el putter hasta contra el ropero de mi habitación”, afirma y, sin pensar demasiado, como si fuera un putt de 50 centímetros, arroja una frase cuasifilosófica que lo explica todo: “El éxito en tan poco tiempo te va alimentando el ego”.
Pronto logró ingresar en la elite de aficionadas de la época, a partir de triunfos en torneos de damas y buenas actuaciones en el Argentino de Aficionadas, donde competían las mejores jugadoras del país, como Margarita Mackinlay de Maglione y Carmen Baca Castex de Conen, a quienesMercedes sigue admirando, aún 50 años después. “Maggie y Chicha fueronmaravillosas conmigo. Siempreme invitaron a jugar enTortugas. Eran muy generosas aunque, entre ellas, eran muy rivales”. Con la uruguaya Fay Crocker, una leyenda del golf femenino, también estableció una estrecho vínculo por aquellos días. “Solía ser huésped de Fay cuando iba a jugar a Punta Carreta.Todos los años ella traía palos desde los Estados Unidos que le comprábamos. La recuerdo como una jugadora extraordinaria”. Cada una de sus respuestas es una andanada de frases, palabras, ímpetu e historias que se suceden.
Por entonces, llegó a jugar 1 de handicap, y su vertiginosa mejoría en un puñado de años le permitió integrar los equipos argentinos de Copa Los Andes, una verdadera potencia en la región que llegó a imponerse en 10 ediciones seguidas (entre 1957 y 1967). “No teníamos rivales, aunque me acuerdo que cuando jugamos en la cancha de Los Leones, en Chile, estuvimos a punto de perder.Me tocó jugar en el último partido individual y
venía cuatro hoyos abajo, con cuatro por jugar contra una colombiana. Era un punto decisivo, si yo no empataba, ganaba Chile. Necesitábamos ese medio punto. Estaba todo el equipo, incluso el de caballeros, siguiendo el desenlace. Por suerte, pude empatarlo embocando un putt desde muy lejos en el hoyo 18.
Fue una gran emoción. Me acuerdo que dos de los hombres me hicieron ‘sillita de oro’ yme llevaron en andas. Fue una sensación linda que me regaló el golf”.

Mercedes Bosch de Lacroze

Edad: 80 años
Actuaciones destacadas:
• 1º lugar en Copa Los Andes de 1959, Lima G.C. (Equipo argentino: Carmen de Conen, Maggie de Maglione, Susana Patrizi,Mercedes Bosch de Lacroze y María Eugenia Cossio).
• 1º lugar en Copa Los Andes de 1961, Golf Club del Uruguay (Equipo argentino: Cristina Brandes, Mercedes Bosch de Lacroze, Maggie de Maglione, Cecilia Palacio y Susana Patrizi).
• 1º lugar en Copa Los andes de 1962, Club de Golf Los Leones (Equipo argentino:Carmen deConen, Susana Patrizi, Mercedes Bosch de Lacroze, Cecilia Palacio yMaría Julia Caserta).
• 1º lugar en Copa El Hogar-Mixed Foursomes, con Carlos Bracht en 1959 en el Jockey Club. (También fueron
finalistas en 1963).
• Semifinalista del Campeonato Argentino de Aficionadas en 1962, cayó por 1 arriba con Sonia de Texier.
• Obtuvo el Campeonato de Damas de San Andrés Golf Club, Jockey Club Argentino y San Isidro Golf Club.
• En los Estados Unidos, obtuvo triunfos como Senior en Meadow Brook Club (en Long Island, Nueva York), en Piping Rock Club y en Palm Beach Gardens Golf Courses y Cypress Point Club.

Las pruebas de la vida
Hasta ahí, el deporte le concedía satisfacciones que continuaban alimentando su ego y potenciando sus ganas de progresar.Había estado cerca de la final del Argentino de Damas cuando, en 1962, en Olivos, después de ser tercera en la etapa de Clasificación, cayó en semifinales en el último hoyo con Sonia de Texier. Sin embargo, el destino la pondría a prueba como nunca. Un desafío más exigente que cualquier cancha o lamejor rival. Por un instante, sumirada atraviesa la ventana, mientras susmanos acarician las huellas del tiempo que se dibujan en su rostro. Como si tomara coraje para volver a atravesar aquella jornada imborrable… “Estaba jugando los 90 hoyos del Jockey, un torneo abierto por entonces muy importante, donde competían las mejores, como Sarita García o Chicha Conen, entre otras. Después de 72 hoyos, yo era líder con tres golpes de ventaja. Aquella noche, en mi casa, mi marido empezó con un fuerte dolor en el pecho. Fue repentino. Sufrió un infarto. A las 4 de la mañana, lo tuvimos que trasladar en ambulancia al sanatorio”. Mercedes trata de explicarlo como un aspecto más de su trayectoria, pero su tono de voz ya no
es el mismo.
Aquel hecho fue una señal que la marcó a fuego. Ni siquiera tuvo ganas de volver jamás a buscar los palos al club. La enfermedad de su marido hizo que se replanteara sus prioridades. Hasta esa noche, el golf ocupaba una porción muy importante de todos sus días.
Decidió que era el final. Fundió las medallas de oro que había ganado, hizo una cadena para su hija Teresa y se olvidó del golf, creyendo que era para siempre, dedicándose por completo a su familia. La relación entre ella y el deporte se rompió.Hasta allí había sido como un noviazgo, efímero pero intenso.

-¿Ahora que mira para atrás, se arrepiente de la decisión?

-No, hice lo que tenía que hacer, me dediqué a formar mi familia. Eduardo la pasó mal, fuimos a ver especialistas en Houston para tratar el tumor en el ventrículo. Al tiempo falleció y yo, en 1981, me fui a vivir con mi hijo Juan a los Estados Unidos. Cuando fue al colegio, eligió el golf como deporte, sin imaginarse que yo sabía jugar. Un día agarré un palo y fue como volver a andar en bicicleta.
Otra vez se contagia entusiasmo con sus gestos y recupera el manso tono de voz. De vuelta, la abuela está contando el cuento que más le gusta.

Por momentos cuando habla, Mercedes Bosch se dispersa en los temas y se va por las ramas, como las que asoman por la ventana de un viejo árbol que decora el parque de la casa del Doctor Lacroze. Explica que todavía juega con varas de acero, porque así siente más el impacto, que siempre jugó mejor cuando estuvo en desventaja o cuanto más difícil fue el reto, y que en los Estados Unidos armó un anticuario con sus
viejos muebles argentinos.
Por alguna razón, surge la joven Victoria Tanco en la conversación, y opina que no le gusta que la hayan llevado a la academia de David Leadbetter porque, según ella, le van a arruinar la naturalidad de su swing, como lo hicieron con la hawaiana Michelle Wie. Asevera que nunca tuvo nivel para ser profesional, a pesar de que varias veces presentó tarjetas de 67 y 69 golpes. Y que la de Playa Grande sigue siendo una de las mejores canchas del mundo.

-¿Cuál fue la máxima satisfacción que le dio el golf?

-Cuando me invitaron, siendo argentina, a integrar el equipo estadounidense en el Senior Woman International Match. Tuve la suerte de formar foursome con la canadienseMarlene Streit (campeona del USWomen’s Amateur, quien obtuvo cuatro títulos de la USGA y desde 2004 integra el salón de la fama) y jugar en Estocolmo, Bélgica, Francia, España, Suiza y Alemania, contra las mejores aficionadas de Europa. Hice grandes amigas y fue una grandísima experiencia.
Mercedes fue partícipe durante 12 años de aquel evento que enfrenta a las damas mayores de 50 años norteamericanas (Estados Unidos y Canadá) y europeas con elmismo formato que la Copa Ryder y alterna
sedes en ambos continentes.
Ya no compite tan en serio, sólo entre amigas y para divertirse. Por estos días, le interesa aprovechar la ocasión para reunir a todos sus nietos en una cancha para celebrar los 80 años que cumplió hace algunas semanas. “Vamos a armar un torneo con formato scramble, que mezcle a los que saben jugar en la familia con los que no. Lo vamos a hacer en el Golf Club Argentino, ya está casi todo arreglado”. Lo dice sonriendo e ilusionada, como si ninguna otra cosa importara más en este mundo. Y así es.

Playa Grande, su favorita

“Playa Grande es la mejor cancha que conozco. Tuve la suerte de jugar en muchos campos y ninguno se le
compara. Ni Cypress Hills, ni Pine Valley, ni Seminole. No hay ninguna que se parezca a la del Mar del Plata Golf Club”, sentencia Mercedes Bosch de Lacroze. “Me encanta la tipografía, la velocidad de los greens y ese
clima tan típico. Fui hace poco con unas amigas y me tocó un viento glorioso. Tuve la sensación de que es la
mejor cancha del país. En unos años, quiero alquilar un departamento y quedarme un tiempo a vivir allí, frente al mar. Llevarme a uno de mis nietos y hacerlo jugar en Playa Grande. Estoy segura que allí uno interioriza el verdadero golf. Aprender a jugar contra el viento, de ese se trata, como nos enseñó el Moro Castañón”.

Por Joaquín Soto

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