Harrington vs Garcia – Parte 2
90º PGA Championship
Esta vez, el aspirante a derribar al imparable Padraig Harrington fue Sergio García. Nuevamente, como en los dos últimos Abiertos Británicos, el irlandés fue implacable y volvió a vencer a “El Niño” en el desenlace de unMajor, como lo hiciera en Carnoustie el año pasado.
Un año y un par de días más tarde, la historia parecía volver a repetirse. Padraig Harrington y Sergio García definían un Major. En una jornada maratónica, el irlandés, que venía de ganar una vez más el Abierto Británico en este 2008, se ponía a tiro de ser el primer europeo en conseguir dos Majors consecutivos en un mismo año. En tanto, el español, con un juego mucho más sólido que a principios de año, quería alcanzar su primer y tan ansiado “Grande”.
El destino los juntó en la última ronda del PGA Championship, en un certamen que, pese a no contar con la presencia de Tiger, tuvo numerosos matices que lo hicieron inolvidable, más allá de que las cadenas de televisión y las autoridades del golf estuvieran –y sigan estando– desveladas por la caída del rating que provoca la ausencia de MisterWoods en el circuito.
Y allí estábamos, presenciando ese duelo entre Harrington y García, como sucediera en el Abierto Británico de 2007, pero esta vez en Oakland Hills, un escenario magnífico para el último Major del año.
Allí, en “El Monstruo”, tal como bautizara Ben Hogan a este campo de las afueras de Detroit por la crudeza y dificultad de su trazado, el irlandés y el español propusieron una definición espectacular, digna de una cancha con la historia de Oakland Hills.
Extrañando a Tiger
Las ovaciones que se escuchaban por toda la cancha durante la ronda final del domingo eran el testimonio de un público involucrado plenamente en esta lucha entre Harrington y García. Si bien desde el hoyo 12 en adelante el duelo parecía haberse reducido a los dos europeos, cada tanto eramatizado por Ben Curtis, que amenazaba con poner algo de presión. Pero a cada birdie del estadounidense le seguía un bogey. También se bajaban rápidamente de la definición J.B.
Holmes, con un desastroso triple bogey en el 1, y Charlie Wi, quien había sorprendido por su regularidad en el primerMajor de su carrera.
Como sucediera en el hoyo 17 de Royal Birkdale, donde la madera 5 quedaría registrada como “el tiro del campeonato”, aquí también el irlandés sacó a relucir su arma letal. Esta vez fue en el hoyo 12 de Oakland Hills. Luego de fallar el fairway por la derecha y, a pesar de estar tapado por un árbol estratégicamente ubicado, Harrington consiguió alcanzar el green en dos tiros, y hacer approach y putt para meterse de lleno en la lucha por el campeonato, que hasta ese momento parecía navegar tranquilamente hacia aguas españolas, ya que García había tenido un comienzo furioso con birdie y águila en los primeros dos hoyos, y otro acierto en el 6.
El irlandés aprovechó toda la confianza que le dio el birdie en el 12 para empatar la punta, luego de un buen putt en el par 3 del hoyo siguiente. En el 14, Harrington falló el green y otra vez García recuperó el liderazgo, que pudo ser aún mayor de haber aprovechado una buena oportunidad en el 15.
De esta manera, con sólo tres hoyos por jugar, el PGA Championship recuperaba un poco la atención y lograba mantener prendidos a muchos fanáticos que, por diversas razones, no se habían enganchado con la definición. Y es que, a la ausencia delmejor jugador delmundo, había que sumarle el comienzo de los Juegos Olímpicos y el poco interés que había despertado el score de la primera ronda, donde un muy efectivo Robert Karlsson y el indio JeevM. Singh, con uno de los swings más “raros” del tour, ahuyentaban a los espectadores.
A esto hay que sumarle las críticas sobre la extrema dureza del campo de juego que empezaron a verter los propios jugadores ya en el segundo día del torneo. Quienes tuvimos la ocasión de caminar la cancha, comprobamos que los roughs eran casi tan exigentes como los de un US Open y que muchas veces un buen tiro podía picar en el fairway y llegar al pasto alto, dependiendo tan sólo de la buena fortuna. El hecho de que el puntero luego de la segunda ronda, J.B. Holmes, fuera el único jugador bajo el par de la cancha, era la principal razón que esgrimían los críticos de la preparación de este par 70. “En momentos en los que, por ausencia de Tiger, necesitamos más que nunca que la gente mire golf, la PGA prepara la cancha de forma
tremendamente difícil y es casi imposible encontrar birdies”, protestaba por aquellos días uno de los jugadores del tour.
Romero: la furia y la gloria
El sábado, sin embargo, nuestro Andrés Romero haría acallar cualquier referencia a la rudeza de la cancha. Con una de esas vueltas espectaculares a las que nos tiene acostumbrados –en especial en los torneos grandes–, Pigu empató el récord del campo de juego: siete birdies y dos bogeys. “La cancha está difícil, pero creo que así tienen que estar las campos de juego en los Majors: con la vuelta de hoy demostré que, si uno acierta fairways y greens, los buenos scores aparecen”, decía el tucumano antes de que una feroz tormenta azotara Bloomfield Township e impidiera que los últimos grupos salieran a jugar.
Romero, con esa tercera vuelta, se metía en la lucha y se ilusionaba, luego de haber perdido grandes oportunidades el día viernes debido a un ataque de furia desde el hoyo 16 en adelante. Volvamos por unos
instantes a esa fatídica segunda ronda. Pigu llegaba al hoyo insignia de esta cancha entreverado en la punta del torneo, luego de una primera ronda de 69 golpes. Ese viernes había salido por el hoyo 10 y, luego de
acertar el fairway con su tiro de salida, le quedaban 139 yardas a la bandera. “Pegué un perfecto hierro 9, pero una ráfaga de viento me paró la pelota, que picó en la entrada del green y se fue al agua”, contó el tucumano. Luego dropeó su pelota y nuevamente buscó el hoyo: esta vez, el backspin hizo que nuevamente se fuera al agua. Finalmente, firmó un cuádruple bogey, que fue decisivo para sus oportunidades. “A partir de allí, me saqué. No podía creer haber desperdiciado todo lo bueno en un solo hoyo y sin haber pegado un mal tiro”, reconoció, y los resultados estuvieron a la vista, ya que anotó un doble bogey en el 18, y se salvó de otros bogeys que lo podrían haber dejado fuera del corte, como en el 1, 3 y 8.
El sábado todo cambió y Pigu volvió a mostrar la solidez que había exhibido durante la semana, luego de haber trabajado un par de días conMariano Bartolomé. El tucumano dio un verdadero show en una cancha a la que era complicada hacerle 65 golpes: semostrómuy fuerte desde el tee de salida, terminó 4° en la estadística de distancia con el drive –con más de 310 yardas– y finalizó 1° en el ranking de putts, ayudado por esa magnífica demostración que hizo en la tercera vuelta, donde necesitó solamente 19 putts, si se toman en cuenta únicamente los que se juegan en la superficie del green (usó el putter otras tres veces,
pero desde fuera del green). A pesar de esta actuación descomunal, Pigu nunca pudo prenderse en la definición el domingo, ya que desaprovechó un par de oportunidades al comienzo de la vuelta y eso le restó confianza. Junto a él, jugó Camilo Villegas, que tuvo una ronda espectacular que le permitió conseguir su
mejor actuación en un Major hasta el momento, con un 4° lugar. Ángel Cabrera, en tanto, nuevamente volvió a sufrir con su juego sobre el green, en especial el domingo, y terminó en la 20° posición.
Otra copa, por favor
Volviendo a Harrington, cuando el irlandés regresó a la cancha el domingo, encontró seis birdies, cuatro de ellos consecutivos (del 13 al 16). Las esperanzas de un tercerMajor en pocomás de un año renacían.
Habíamos quedado en el hoyo 16, el primero de tres hoyos temibles que han definido muchos de los Majors jugados en Oakland Hills. En este par 4 de 406 yardas, dogleg a la derecha, Gary Player pegó uno de los tiros más extraordinarios que se recuerden, para ganar su segundo PGA Championship en 1972. El que no siguió los pasos del gran sudafricano fue García, que desde el medio del fairway y a 176 yardas, la tiró al agua, para luego hacer un buen bogey. Harrington podía aprovechar la oportunidad, pero su segundo tiro fue al bunker de la izquierda. Luego de una larga sacada, empezó a darmuestras de solidez con su putter, embocando de cuatro metros para par.
El siguiente hoyo, el 17, es un par 3 de 226 yardas, en subida, y Harrington le puso toda la presión al español con un espectacular hierro 5 que quedó a tres metros y medio para birdie. Allí surgió la garra del español, con una actitud distinta a la que tenía un tiempo atrás, que le permitió ejecutar otro hierro 5 perfecto para dejarla más cerca que el irlandés. Pero el putter parece que todavía sigue siendo el karma de Sergio. Harrington volvió a impactar en el ánimo del español embocando un putt barranca abajo y García no acertó el birdie, a pesar de tocar el hoyo. Era otro golpe doloroso para El Niño, pero todavía quedaba el hoyo 18, en donde todo podía pasar, ya que era sólo uno el golpe de ventaja que tenía Paddy.
Los drives volaron hacia la izquierda, el de García al rough, mientras que el de Harrington a uno de los cross bunkers. La pelota del español no llegó a subir al green y quedó en la arena que protege este salvaje par 4 de 498 yardas. El irlandés decidió jugar a buena, pero su tiro quedó en el rough aunque con un buen asiento de pelota. No era fácil hacer par desde allí, pero con la confianza que le dieron las últimas victorias, Harrington se dejó un putt para par de cuatro metros que podía sellar su tercer título en los últimos seis “grandes”.García, en tanto, la dejó un poco más cerca para par, y todo dependía nuevamente del irlandés…
Los duendes, aliados de los célticos y definitivamente en contra de García, le guiñaron el ojo una vez más a Harrington, que acertó el putt y, con el puño cerrado, le clavó un nuevo puñal a la ilusión de castellonense. El Niño, al igual que el año pasado, vio nuevamente cómo su ventaja se desvanecía en los hoyos finales y su putter lo volvía a abandonar.
Para Harrington, este 90° PGA Championship le dejó la satisfacción de pasar a ser considerado como uno de los grandes protagonistas del golf mundial de los próximos años, título que seguramente querrá validar con el número uno del mundo presente. Mientras, ya extraña esas sensaciones a las que se acostumbró en este último tiempo: “No puedo creer que falten siete meses para el próximo Major –dijo al finalizar su actuación en Oakland Hills–. Nada se compara a lo que se vive en los nueve hoyos finales de este campeonato…”. Sergio García, definitivamente, no debe pensar lo mismo.
Por Marcos Virasoro (especial desde Oakland Hills)

Un triunfo sin asteriscos
Hay quien se animó a decir que quien ganara losMajors sin Tiger en la cancha debería ponerle un asterisco a su victoria. Por suerte, Padraig Harrington se encargó de borrar semejante pavada con dos actuaciones memorables. La última en Oakland Hillsme hizo acordar al triunfo de Goosen en Shinnecock Hills. Una exhibición sobre el green similar a aquella del sudafricano, con diez greens de un putt en los últimos 13 hoyos, tres de los cuales llegaron en los tres capítulos finales para dar por tierra con las esperanzas de
Sergio García.
El español otra vez no pudo con Harrington y otra vez su putter lo abandonó en el momento que más lo necesitaba. Es justo decir que García es otro jugador sobre el green, y que hasta el hoyo 17 había sido el García de sus primeras épocas de profesional. Su juego largo había sido casi perfecto y su putter había funcionado casi a la perfección, pero cuando Harrington embocó en el 17, “El Niño” falló para llegar al último hoyo un golpe atrás. Parecía que había desempate, pero el irlandés ni siquiera le dio la chance en el 18, embocando un putt casi imposible.
El título de jugador del año ya está enmanos de este irlandés que parece entrar en otro mundo cuando llegan los últimos 9 hoyos de un Major. Su mirada tiene una intensidad que asusta, y su concentración llega a límites desconocidos por lamayoría. A esto hay que agregarle que es uno de los mejores sobre el green y entonces nos encontramos con un jugador que, hasta no hace mucho, era visto como uno más en el tour, y que ahora todos observan con un respeto superlativo. Harrington se ha transformado en el mejor jugador europeo desde Nick Faldo, y tiene ya la misma cantidad de majors que Mickelson y Els. Por suerte, ya había ganado el Open con Tiger en la cancha. Ahora se dio el gusto, en tres semanas, de ganarles a todos en dos de las mejores ymás exigentes canchas delmundo.
Por Francisco Paquito Aleman











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