El último grito del Tigre
108º US OPEN
En una pierna, como nos enteraríamos 48 horas después del desenlace, Tiger Woods se alzó con el US Open y lo festejó como nunca. Antes del retiro para recuperarse de sus lesiones, el número uno del mundo se despidió a lo grande en un torneo que quedará en el recuerdo.
“Yes!” Un grito que quedará en la historia, luego del birdie en el 18 el domingo, que forzó el playoff del lunes con Rocco Mediate.
Cuando uno se encuentra frente a un suceso extraordinario es difícil poder ordenar las ideas, porque para que ese hecho extraordinario tenga lugar, deben darse una serie de situaciones al mismo tiempo que hagan que el resultado final merezca el calificativo arriba mencionado. Este US Open fue extraordinario por el lugar, la cancha, el público, la USGA, el ganador y, también, el perdedor.
Por primera vez en su historia, Torrey Pines recibía el US Open luego de que Rees Jones le hiciera una renovación total algunos años atrás. La cancha, que pertenece a la ciudad de San Diego, siempre había sido
considerada por los jugadores como de segunda calidad dentro del tour, debido a que nunca se encontraba en buen estado para cuando el circuito llegaba a comienzos de temporada. A esto había que sumarle un trazado sin muchas dificultades donde sólo el hoyo final le daba algo de dramatismo al campeonato. Esta situación cambió cuando el Open Doctor (Rees Jones) la renovó en su totalidad, llevándola a más de 7600 yardas, lo que la convertía en una de las canchasmás largas del tour. Además de extenderla, Jones cambió varios hoyos, entre otros, el 4, cuyo fairway quedó más cerca del acantilado y el green casi pegado a la barranca. Los greens, dicho sea de paso, sufrieron varias modificaciones, y aquella cancha fácil que jugaba el tour se transformó en una prueba por de más exigente. La USGA tomó nota de los cambios y en esta nueva política de llevar el US Open a canchas públicas, Torrey Pines recibió la sede del campeonato para este año.
El trabajo que hizo la USGA para preparar este US Open es digno de destacar. Es cierto que Torrey Pines cuenta con dos canchas de 18 hoyos y que hay terreno de sobra para montar este tipo de campeonatos, pero cuando uno encuentra una tribuna especial con ascensor para discapacitados, cae en la cuenta de que todo, hasta el más mínimo de los detalles, estuvo pensado. Tribunas por doquier, una cancha de práctica montada bien cerca del tee del 1, putting y chipping greens cómodos para los asistentes, dos carpas demerchandising rebosantes de souvenirs, la sala de prensa a la que la USGA ya nos tiene acostumbrados y, por último, la preparación del campo.
Mark Davis es el nuevo Director de Competencias de la USGA y está en el cargo desde hace sólo dos años, pero en este tiempo ya quedó clara su filosofía sobre la cancha del US Open. El par tendrá siempre un valormuy importante para la USGA pero, a su vez, deberá permitir scores bajos para aquellos que se inspiren. Davis tiene también el concepto de variar los tees de salida y transformar algunos par 4 largos en muy cortos y darle la posibilidad al jugador de arriesgar. Hizo esto en el 14 para la jornada final y el desempate, pero también con el par 3 del hoyo 3, que se jugó de 140 yardas dos días y de casi 190 los otros tres. El rouge, gradual en su altura, dejaba jugar a los que fallaban por poco y penalizaba a los que lo hacían por mucho. Los greens, en tanto, que habían sido en los últimos años motivo de críticas, esta vez estaban con la firmeza y velocidad justas para el campeonato.
En este escenario se jugaría la edición 108° del US Open, en donde Ángel Cabrera tendría la difícil misión de defender el título. La atención que recibió el Pato los días previos es algo a lo que no está acostumbrado.
Todo el mundo quería un pedazo de su tiempo y creo que esto tuvo que ver en su flojo rendimiento. En los días de práctica estaba pegando como siempre y, junto a Charlie Epps (uno de los mejores profesores de golf de los Estados Unidos que vivió muchos años en Villa Allende), estuvo durante horas probando su juego sobre el green, algo que el mismo Cabrera admitió lo tenía muy preocupado. Su grupo de salida era uno de esos que ayudaban (Harrington y Love), pero Cabrera comenzó mal con dos greens de tres putts en los primeros tres hoyos y no pudo recuperarse. Su despedida de Torrey Pines llegó mucho antes de lo que todos queríamos, y seguramente él se debe haber quedado con toda la bronca de no haber podido defender el título de la manera en que lo había soñado.
Andrés Romero, en tanto, tuvo una buena actuación en el US Open, sin el desempeño descollante al que nos tenía acostumbrados en cada debut en losMajors. Si bien no tuvo el lucimiento que consiguió en el Abierto Británico (8°) y en el Masters (8°), Pigu terminó 36°, con un águila en el 18 el último día y un récord: totalizó 17 birdies a lo largo del torneo, siendo el quemás aciertos logró entre los 156 participantes.
Esa maldita rodilla
Las primeras dos jornadas estaban circunscriptas a lo que hicieran Tiger y Phil, a quienes la USGA había decidido poner a jugar juntos. La incógnita inicial era saber cómo estaba Tiger de su rodilla luego de una
inactividad de ocho semanas; la otra, cómo reaccionaría Mickelson a la presión de jugar en casa tratando de lograr su primer US Open. La cantidad de público fue un récord para el campeonato, y cada día se dieron cita más de 53.000 personas. Ninguno de los dos hizo grandes cosas en los primeros 27 hoyos, pero Tiger prendió el turbo en los 9 finales del viernes y, con 30 golpes, quedó a un solo golpe del líder, que era Stuart Appelby.
No pudo ser. Rocco Mediate estuvo cerca, pero Tiger, como marca la historia, fue imbatible y sigue sin perder en los Majors cuando comienza la última vuelta como líder.
El sábado fue el día de los fuegos artificiales en Torrey Pines y para los que tuvieron la posibilidad de verlo en vivo será un recuerdo imborrable. Appelby comenzó mal y nunca pudo recuperarse; Karlsson sufrió el hecho de jugar en el mundo de Tiger y recién a partir del hoyo 8 volvió a ser el de siempre; Mickelson, en tanto, jugaba un pinball en el 13 y anotaba un cuádruple bogey que lo dejaba fuera. Solo Mediate y Westwood parecían ajenos a todo problema y poco a poco construían una ronda que parecía los iba a dejar al frente. Hasta que apareció Tiger y toda su magia a partir del hoyo 13. Con mucho dolor en su pierna izquierda, Tiger falló pormucho el fairway del par, pero fue tan errático su driver que quedó donde camina la gente. Desde allí, un hierro 5 que dejó la pelota a 22 metros del hoyo, con una caída que nadie había acertado, ni siquiera los que habían tirado de muy cerca. La primera gran explosión llego cuando Tiger hizo desaparecer la pelota para el primer águila del día. En el 17 volvió a fallar por la derecha y otra vez el dolor en la pierna fue notorio. Del rough pegó un golpe fantástico para dejarla en la pared del búnker, desde donde embocó con su lob wedge. Fue sorpresa hasta para élmismo, que estalló en una sonrisa casi avergonzada al principio.
En el 18 demostró por qué es el más grande. Los jugadores como él tienen siempre un swing en el que confían cuando están bajo mucha presión. A esto recurrióTiger en el 18 cuando, con un gran slice, puso
la pelota en el fairway y otro slice con su madera 5 lo dejó pasado de la bandera, a unos 12 metros del hoyo. Otra vez la magia con el putter y segundo águila para Tiger, que quedó al frente del campeonato. Y ya
sabemos lo que ocurre cuando puntea un Major luego de tres vueltas. Sólo restaba saber cómo respondería su pierna izquierda…
El domingo fue un comienzo como para dudar. Por tercera vez en cuatro días anotaba doble bogey en el 1 y, luego de pegar el drive del 2, muchos pensaron que no podría concluir. Con el correr de los hoyos, se fue recuperando y la lucha quedó centrada en él, Westwood y Mediate, que jugaba un grupo delante. Fue en el 13 cuando Westwood cometió el error de querer alcanzar el green con su segundo tiro, y fue allí también cuando vi a Tiger cometer el primer error mental en toda su carrera. Trató de hacer lo que el inglés no había podido y terminó en el hazard al igual que su compañero de juego. El bogey allí le dio entrada a Mediate, que quedó al frente por uno. Pudo Rocco sellar la suerte del campeonato en el 17, pero su putt para birdie de 3
metros fue un poco fuerte. Llegó con uno de ventaja en el 19, pero falló su drive y no pudo hacer el birdie final que le hubiera dado el campeonato.
Sólo le quedaba esperar por el último grupo y ambos fallaron el fairway. Westwood jugó a buena desde el búnker y Tiger trató de hacer lo propio, pero su golpe de recuperación fue muy a la derecha y al rough. Nada parecía sencillo para Tiger, pero su tercer golpe fue maravilloso y se dio la oportunidad de birdie. El inglés no la arrimó bien y su putt fue lo único que no podía ser: corto. Todo estaba listo para que Tiger embocara el suyo y mandara el campeonato a un desempate. “El green estaba destrozado y alrededor del hoyo había marcas por todos lados. El putt era imposible, pero sólo pensé en ponerle un buen golpe. Si hacía eso y se metía, bien; si no, mala suerte, pero solo quería ponerle un buen golpe a este último putt”, dijo Tiger al terminar. El golpe fue bueno y la pelota encontró el borde derecho para desaparecer ante el delirio del público. “Sabía que lo iba a meter. El tipo es increíble”, dijo Rocco, que miraba por TV otra hazaña de Tiger.
El Pato Cabrera, como campeón defensor, fue el centro de atención de todas las miradas.
David y Goliat
El desempate era David contra Goliat. El número uno contra el 158 del ranking mundial, pero en golf es sabido que esto, a veces, importa poco. Mi único miedo era que Tiger sacara mucha ventaja de entrada y que todo se decidiera rápido. Cuando Rocco anotó dos bogeys consecutivos 9 y 10 para quedar a tres de Tiger, parecía todo definido, pero allí apareció el Tiger que no estaba al ciento por ciento. Dos bogeys consecutivos del número uno y tres birdies de Rocco del 13 al 15 dejaron a David a un golpe delante de Goliat. Así llegaron al 18, y de nuevo Rocco falló el drive, no alcanzó el green en dos y le dio la oportunidad a Tiger de empatar otra vez el campeonato con un birdie en el 18.
Deme dos. El merchandising en el US Open, un espectáculo aparte.
Ahora íbamos a hoyos suplementarios, y el primero escogido por la USGA era el par 4 del 7. Un hoyo de 461 yardas, dog leg a la derecha, con un búnker a la izquierda que Rocco había visitado toda la semana. Al pegar todo con draw, ése era un lugar muy probable para Mediate y allí terminó su golpe de salida. No pudo salvar el par luego de fallar el green, y todo quedó servido para que Tiger ganara su tercer US Open y su Major número 14. La celebración en el green del 18, con su esposa y su hija que cumplía un año esa semana, fueron la coronación de una semana inolvidable. Creo no equivocarme si digo que fue el logro más importante en la carrera de Tiger Woods. Algo difícil de creer, cuando él mismo ganó por 15 en Pebble Beach y por 12 en Augusta. Pero sucede que, lo que sabríamos sobre el estado de su pierna, 48 hs después de terminado el US Open (ver Tiempo de descanso), terminaría de darle el tono épico e histórico a esta victoria. Y ya no quedarían dudas del valor de la hazaña.
Imponente. El campo de Torrey Pines, una inmensidad de más de 7.600 yardas, a orillas del Pacífico.
Tiempo de descanso
Este US Open será un campeonato difícil de olvidar y no sólo por su desenlace. Cuando todavía estaba fresco el triunfo de Tiger, apenas 48 horas después del festejo, su victoria tomaría dimensiones aún más increíbles. En un comunicado de prensa, Tiger anunciaba que no volvería a jugar hasta principios de 2009, para poder operarse los ligamentos cruzados y recuperarse de una fractura de tibia y peroné ocasionada por estrés. Esto ya lo sabía desde antes de jugar, y sus médicos le pidieron que no lo hiciera, pero él no les hizo caso: estaba
convencido de que en Torrey Pines tenía una buena oportunidad.
Tiger, que acumula 500 semanas como mejor jugador del mundo y va por los 18 Majors de Jack Nicklaus, señaló en un comunicado en su página de Internet que “lo correcto es escuchar a los médicos que me atienden, que han aconsejado la operación, y hay que prestar mucha atención en la recuperación de la rodilla”. Y agregó: “Obviamente estoy decepcionado por tener que perderme el resto de la temporada, pero sé que tengo que hacer lo correcto para velar por mi salud a largo plazo y poder volver a la competición cuando los médicos consideren que la rodilla está curada”.
Ahora será tiempo de descanso y rehabilitación por varios meses. El más grande entendió que su carrera está en juego si no hace lo que los doctores le dicen. El tour vivirá una experiencia inédita en los últimos 12 años, y el mejor atleta del mundo no estará presente en los próximos dos Majors, la Ryder Cup y los playoffs. Veremos si alguien es capaz de surgir como una fuerza dominante.
Poco después del triunfo, Tiger anunció que no volverá a jugar hasta principios de 2009, para poder operarse los ligamentos cruzados y recuperarse de una fractura de tibia y peroné ocasionada por estrés.
Por Francisco Paquito Aleman / Fotos: Getty Images
Imágenes imborrables
Cantidad de recuerdos quedarán de mi primer US Open, que tuve la suerte de disfrutar en Torrey Pines, una espectacular cancha pública ubicada a orillas del Pacífico, donde Tiger Woods ganó su 14° Major demanera milagrosa. No sólo por las impresionantes vistas que uno tenía a medida que caminaba por el trazadomás largo en la historia de un “grande”, sino portodo lo que se vivió durante esa semana. Fui testigo de cómo los golfistas argentinos son cada vez más considerados. Por supuesto, el Pato como campeón defensor fue muy requerido, pero también Pigu ya es todo un nombre en el PGA Tour. La gente lo conoce y lo admira por su agresividad para jugar. Me di cuenta de que el golf es una verdadera pasión en los Estados Unidos. Volábamos de regreso a Atlanta con Pigu, justo el lunes a la hora de la definición del torneo, y nuestro avión de Delta tenía televisores individuales que estaban sintonizados en la NBC, con la transmisión del duelo entre Tiger y Rocco. En pleno vuelo, casi todos festejamos el triunfo del número uno.
Recordaré para siempre esas ovaciones que escuché el sábado cuando Tiger metió el águila del 13 o el birdie desde afuera en el 17. También, la satisfacción de encontrar cada vez más argentinos en las canchas de golf del mundo. Hernán y Santiago, organizadores de torneos de golf, llegaron de Buenos Aires y se sorprendieron por la enormidad del espectáculo.
Matías, un fanático que compró sus tickets por Internet hace un año, cumplió el sueño de su primer Major. Jorge, Alejandro y el Mono, desde Tucumán, y Aníbal y Florencia, desde distintas ciudades de los Estados Unidos, llegaron para alentar a Pigu. Los Armijo vinieron desde San Juan y la barra de cordobeses que festejaron el año pasado en Oakmont volvió este año para seguir al Pato. Y todos, sin excepción, terminamos maravillados con una nueva victoria de Tiger Woods.
Por Marcos Virasoro (desde Torrey Pines)
















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