[27 Dec 2008 | No Comment | ]

Eduardo Romero Un putter mágico le cambió el destino a Eduardo Romero en la gira de veteranos. Encontró su mayor premio con la conquista del US Open, pero a los 54 años quiere mucho más: “Pasé a ser una estrella del Champions Tourâ€, asegura. Octubre de 2005. Eduardo Romero se agazapaba sobre un tablero de [...]

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El golf, un estilo de vida para Carlos Forlano
[15 Jul 2011 | No Comment | ]

“Soy un golfista de fin de semana†sabe decir Carlos Forlano. Este hombre de 57 años de edad es, como tanto otros, un amante del golf desde hace ya varios años. El golf es, para Carlos Forlano, una forma de distenderse y despejar su mente.

Hace ya más de diez años que el presidente de Prever Cred practica este maravilloso deporte que le permite, entre otras cosas, estar en contacto con el verde y el aire fresco. Para Forlano el golf dejó de ser un simple deporte para pasar a convertirse en una forma de vida.

Ya sea porque puede ser un juego absolutamente solitario donde uno está en contacto consigo mismo, como también un juego que se puede compartir con otros, entre charlas y momentos amenos, son muchas las cosas que hacen que Carlos Forlano haya elegido al golf por sobre tanto otros deportes que existen.

Esa misma adrenalina que se siente al completar un golpe perfecto o meter la pelota en el hoyo, es la que Forlano también experimenta cuando alcanza sus mayores logros personales y profesionales. El golf para él, se ha convertido en una compañía, un espacio de reflexión y de abstracción que le sirve siempre y en todo momento.

 

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Carlos Forlano: golf y mucho verde en la vida del presidente de Prever Cred
[21 Sep 2010 | No Comment | ]

Cuando alguien vive una vida agitada es tener un cable a tierra que te despeje la cabeza. Esta opinión es como un mantra para Carlos Forlano, presidente de Prever Cred y cara visible de una empresa que se inició como una cooperativa tradicional allá por el año 2000 y que hoy es líder en el segmento de los créditos a jubilados para la adquisición de bienes de consumo y prestaciones médicas, entre otras cosas.

Carlos Forlano ama su trabajo. Prever Cred es un hijo más. Y le dedica toda su atención de lunes a viernes. Incluso los fines de semana, porque, para él, siempre está pensando en algo nuevo para hacer más grande a su empresa.

Sin embargo, Carlos Forlano logra desenhufarse. Se podría decir que la desconexión con el agitado mundo de los servicios financieros se da en distintas etapas, que van incrementando su intensidad.

¿Cómo hace, entonces, una persona que a los 57 años creó una empresa como Prever Cred, para cambiar de switch y disfrutar lo que la vida tiene para él?

El secreto de Forlano está compuesto por la combinación de su amor por la naturaleza y el deporte. Ambos ítems, además, se funden gracias a su carácter familiero.

Una persona en la posición de Carlos Forlano podría casi no trabajar. Pero, como se dijo anteriormente, comandar Prever Cred, la cooperativa que “parió†en medio del turbulento año 2000 y que empezó con él solo y que hoy tiene más de 120 empleados, es algo que le fascina. Sin embargo, sabe que tiene que parar de vez en cuando. Y se podría decir que su desenchufe se realiza por etapas.

Por ejemplo, los días de semana la vuelta al hogar le transmite una paz que antes no tenía. Es que desde hace quince años, más o menos, se mudó a un country de zona norte que, para él, es su oasis.

Carlos Forlano cuenta que ni bien ingresa al club, a la vuelta del trabajo, la visión de su añeja arboleda ya sirve para ponerlo en otra onda, y da pie para el disfrute. Ese amor por el verde y la naturaleza surgió en él cuando, a los 16 años -hace bastante, si consideramos que Forlano hoy tiene 57- viajó por primera vez al sur, como mochilero.

Mucha agua pasó bajo el puente desde que trajinó por los bosques de Bariloche y demás localidades de Río Negro y las provincias vecinas hasta el día de hoy. Por eso el pisar los verdes de su casa en las afueras de Buenos Aires, lo acerca aunque sea un poco hace primera experiencia de contacto total con la naturaleza.

Y después, resalta Forlano, está el deporte. “Hijo de los 80†en materia deportiva, no es de extrañar que a su amor por los colores de Boca Juniors, los haya combinado durante varios años con la práctica del tenis. Fue un poco más de una década en la que este hombre de negocios se dedicó intensamente al tenis. La liberación que le provocaba pegarle bien a la raqueta lo hacía olvidarse de las visicitudes laborales. “Jugaba tres o cuatro veces por semanaâ€, cuenta el presidente de Prever Cred. Pueden parecer cuatro horas, a lo sumo, por semana, algo que quizás no signifique mucho. Pero para un perfeccionista como Carlos Forlano, que siempre apunta a hacer las cosas bien, era más que eso. Era sumarle entrenamiento duro, en busca de lo que él llama el golpe perfecto: el golpe que se acerque a la idea plástica de este deporte. Carlos Forlano lo vivió en el tenis, hasta que cambió de afición, el golf.

Sí, el golf se transformó en su deporte de cabeza hace más de diez años y ya no lo cambia por nada. Allí también buscó su golpe ideal, ese golpe que por más que envíe la pelotita al bunker sabe que contó con un swing perfecto. Porque él es un esteta del deporte, más allá del resultado. Aprendió a priorizar la forma por sobre el resultado. Quizás la misma política ha sido puesta en marcha en Prever Cred que, sabiendo que lo comanda de forma que le reporta satisfacciones, los logros han llegado solos.

El golf, por otra parte, hace que Carlos Forlano conviva inmerso en la naturaleza. “Soy un golfista de fin de semanaâ€, dice sin vergüenza. Al contrario, está orgulloso de poder dedicarle un espacio por la mañana de un sábado, por ejemplo, en que su familia aún descansa y él puede salir temprano, desde el tee del hoyo 1 con la bruma aún sin dispersarse y el rocío en sus zapatos.

Porque después, Carlos Forlano lo dedica a su mujer e hijos. A ver televisión en su home theatre y salir con amigos a comer.

Todas formas de desenchufarse para Carlos Forlano. Porque Forlano sabe que si él está bien de la cabeza, Prever Cred seguirá creciendo sin pausa.

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La historia sin fin
[27 Dec 2008 | No Comment | ]

columna golf StyleHace ya muchos años, cuando nos enterábamos de lo que ocurría en los Majors por los diarios y por algunos videos que nos llegaban, un buen amigo siempre decía que, si eras cardíaco, no podías ser hincha de Norman. Por alguna razón, nunca fui fanático del australiano, pero siempre le tuve un gran respeto, no sólo por su trayectoria, sino por la forma en que se comportaba cada vez que perdía un campeonato.
Durante la última edición del Open, Greg Norman volvió a ilusionar a sus fanáticos, y a quienes no lo son, con una actuaciónmemorable en Royal Birkdale. El hecho histórico de que un hombre de 53 años pudiera ganar un Major nos mantuvo a todos pendientes, pero la historia volvió a repetirse y el australiano no pudo llevarse el Claret Jug por tercera vez.
Nadie en este juego tuvo que sufrir las cosas que padeció Norman a lo largo de su carrera, y es justo decir que tampoco nadie cómo él supo ser tan caballero en la derrota.
A nadie le embocaron dos veces de afuera del green para ganarle Majors en forma consecutiva (Bob Tway en el PGA Championship del 86 y Larry Mize en el Masters del 87).
Nadie dilapidó 5 golpes de ventaja entrando en la última ronda del Masters y, si bien nadie ha podido obtener el Grand Slam en la era moderna, Norman ganó el Grand Slam del día sábado cuando, luego de 54 hoyos, fue puntero de los cuatro Majors en 1986. En aquel año, que pudo ser histórico, sólo se quedó con el Open en Turnberry.
En Birkdale, la historia no fue diferente, si bien lo primero que hay que entender es que Norman es un jugador ya retirado y que fue al Open para agarrar algo de juego y llegar al Senior British Open mejor preparado. Royal Birkdale era una parada más en su luna de miel que lo había llevado primero a Ãfrica y luego a Egipto para un paseo por las pirámides. Junto con su nueva mujer, la ex gloria del tenis Chris Evert, llegó aquí para volver a escuchar a esa gente que lo tuvo como a uno de sus favoritos hace algunos años. Para Norman, hoy el golf es algo secundario en su vida y, como él mismo no se cansa de repetir, “todo está antes que el golf hoy en mi vidaâ€. El mismo Norman se sorprendió cuando, al cabo de tres días, era el puntero, luego de haber dado una verdadera clase de cómo jugar en condiciones climáticas adversas y de haber mostrado un golpe de green soberbio. “No es justo que alguien a los 53 años pueda jugar el green de esa maneraâ€, dijo Nick Faldo, mitad en broma, mitad en serio.
No se equivocó Norman al principio de la semana cuando dijo “que éste era un Open para cualquiera†y que no se sorprendieran si “alguien impensado terminaba ganandoâ€.
Al cabo de 54 hoyos, y siendo líder, volvió a la sala de prensa y les recordó a los periodistas lo que les había dicho el jueves. “No pensé que podía ser yo ese jugador impensado, pero ahora la presión está en Harrington y en Choi, no en míâ€, decía el bueno de Greg.
La historia del año terminó en el hoyo 13, cuando Norman pegó el tiro de salida. “Me agaché a buscar el tee
pensando que era perfectaâ€, explicó el australiano al terminar. Un mal pique o una ráfaga de viento impulsaron su pelota a un bunker. Salió de ese hoyo tres golpes atrás y allí supo que todo había terminado. “No tuve mucha suerte hoy, pero 77 son 77. No gané, pero espero poder haberles mostrado a los mas jóvenes que, si uno se cuida, puede jugar y competir en el golf por muchos añosâ€, confesó mientras escuchaba cómo Harrington daba su discurso de ganador.
Norman declinó el ofrecimiento que la PGA de América le hiciera para jugar el último Major del año, pero me
parecería imposible pensar, ahora que se ganó la invitación, que no esté en Augusta en abril próximo. Si hay
un lugar en particular que a Norman le ha roto el alma, ése es Augusta. Sus fanáticos volverían a soñar viéndolo otra vez en el Masters y, con Tiger fuera de escena, el golf tendría una historia de las que necesita y que sólo los grandes como Norman pueden brindarle. Además, podría continuar con su luna de miel y mostrarle a su nueva esposa que existe un verde aún más perfecto que el del césped Wimbledon.

Por Francisco Paquito Aleman